Cuando el pasado 2 de julio se cumplió el 25 aniversario de la muerte de Camarón de la Isla, tuve la intención de escribir unas líneas al respecto. Pasaron las horas de aquel domingo y me fui dando cuenta de algo importante: ¡no es tan fácil ponerse delante del teclado a esbozar algo sobre el genio gaditano!
Quería contar algo distinto, algo que poca gente supiese, no quería hacer una chapuza porque José no merece que un juntaletras como yo le faltase al respeto escribiendo lo primero que se le viniese a la mente, es por eso que dicerní bien sobre lo que iba a redactar y esto es lo que ha salido, aquí mi humilde homenaje al mejor cantaor de flamenco de la historia.
José Monje Cruz vino al mundo un 5 de diciembre de 1950 en San Fernando (Cádiz). Hijo de Juan Luis Monge Núñez y de Juana Cruz Castro, pronto aprendió los rudimentos del cante más añejjo escuchando a su padre cantar en la fragua en la que trabajaba, José fue poco al colegio porque lo que a él le gustaba ya desde muy niño era el cante, los más viejos de la Isla cuentan que lo suyo era especial, duende, prodigio puro.
Las crónicas dicen que el apodo de Camarón se lo puso un tío suyo al ver el aspecto de aquel niño que poco tenía en común con los gitanos, de piel blanca y carácter retraído, como decía, fue poco el tiempo que pasó en el colegio de Las Carmelitas donde le enseñaron las 4 reglas básicas para moverse por la vida y pronto hubo de acompañar a su padre en el arduo trabajo en la fragua donde aprendió no solo a darle al yunque, también lo mejor de un cante que se pierde en los años de historia del pueblo gitano.
Camarón pronto destacó y debido a los problemas económicos que atravesaba su familia tras el fallecimiento de su padre, comenzó a cantar por los tablaos de su San Fernando natal, además de la estación de tranvías de aquella localidad. A José se le queda chico aquel lugar y quiere probar suerte en Andalucía, acompañado de su amigo Rancapino visita las ferias de su entorno y cosecha un éxito que le lleva a ganar premios importantes y a que figuras ya consagradas del cante se fijen en él.
Camarón fue un artista indispensable para todos los que amamos la música flamenca, se hizo acompañar de guitarristas de la talla de Paco Cepero, Paco de Lucía, Tomatito o el Niño Miguel entre otros, hizo grande no solo a aquellos guitarristas (y esto es opinión personal( sin Camarón seguramente aquellos genios de la guitarra no habrían sido tan reconocidos en la música como lo fueron.
José influyó definitivamente y para bien en un género que se había quedado solo en el mundo gitano, el gaditano lo sacó de allí y nos lo entregó para que el común de los mortales tuviésemos el privilegio de disfrutarlo.
Lamentablemente José Monje Cruz se fue demasiado pronto y un 2 de julio de 1992 a las 7 de la mañana la voz de leyenda se apagó para siempre, todos los “camaroneros” recordamos aquel día con profunda tristeza, yo tenía 13 años y sentí que un gran amigo se había marchado para siempre, no fui consciente de lo mucho que echaríamos de menos a José, de lo mucho que habíamos perdido todos, no solo gitanos, no solo los flamencos, todos los que amamos el arte, aquel día se fue un hombre irrepetible en la historia. Los que lo conocieron en persona cuentan una y mil anécdotas de él, de lo callado que era, de que le hubiese encantado tocar la guitarra mejor de lo que lo hacía, de lo mucho que admiraba a los viejos, de lo estudioso que era del cante, lo mucho que le gustaba entenderlo para llevárselo a su terreno y hacerlo internacional. Para José no fue difícil entrar en nuestras vidas y quedarse para siempre, no fue complicado emocionarnos con su “Leyenda del tiempo”, hizo que montásemos a aquel “potro de rabia y miel”, nos hizo saber que todos podemos ser gitanos y llegar a tu casamiento y rompernos la camisa, quizá la única que tenemos, José le cantó a Rosa María y todos quisimos tener una novia con ese nombre para pasarnos la noche “muele que muele”…
Vaya desde aquí mi más profundo respeto y admiración a una voz de leyenda, a un hombre inigualable, un mito para muchos y un ser especial para todos, cuya Leyenda dio comienzo un fatídico 2 de julio de 1992.
