Hoy me he encontrado con una vieja amiga, tras muchos años sin verla me ha dejado acariciarla, sentirla y ha sido piadosa conmigo, no me ha reprochado mi ausencia y aunque al principio me ha costado hacerme entender, en pocos minutos se le ha pasado el enfado, me ha susurrado que seguíamos siendo amigos, que para ella no había pasado el tiempo y que si yo quería, para mí tampoco. Entonces es cuando me ha dejado sentir otra vez el olor de la hierba, el calor del sol y la fuerz...a del viento en la cara, ha logrado que me olvidase del reloj, de la hipoteca, del trabajo y de lo que nos rodeaba, me ha vuelto a abrazar y me ha dicho bajito: “siénteme, siénteme otra vez, como cuando eras un niño y las tardes se te hacían cortas cabalgando a mi lomo y sentías que podías domar el viento y te creías el rey de la carretera, no ha pasado el tiempo para mí, sigo siendo yo, tu confidente de dos ruedas, tu amiga la bicicleta”