Me desperté aquel día como todos los días de mi infancia,
tenía 13 años, hacía buen tiempo y no recuerdo si era martes o viernes,
recuerdo que era un día de colegio, eso sí, recuerdo que nos estábamos
preparando para recibir los JJOO de Barcelona y la Expo de Sevilla, aquel, sin
duda sería uno de los años que no olvidaríamos los chavales españoles de la
época por la cantidad de cosas que estaban sucediendo.
Mi madre siempre encendía el televisor para que mientras
desayunábamos mi hermano y yo viésemos alguna serie de aquellos canales de
reciente creación, nada nos podía hacer sospechar lo que había pasado por la
noche, en muchas otras ocasiones fue la radio la que me dio y me sigue dando
buenas y malas noticias, esta vez fue la tele, no recuerdo el canal, lo que sí
recuerdo es la voz nítida de la locutora que me sobrecogió el corazón cuando me
contó que la estrella del 7 se había ido al cielo aquella noche.
Desde Fuengirola, pasando por la Cibeles y Chamartín,
bajando por la Castellana… todos lloramos aquel día la muerte de un hombre
irrepetible en la historia de nuestro balompié, todos recordamos como el
Bernabéu cogía aliento antes de que el vídeo marcador del estadio marcase el
minuto 7 para cantarle a su ídolo, todos recordamos los pases precisos a la
cabeza de Carlos Santillana para que metiese la esfera en la portería contraria
y se formase la piña blanca ante el éxtasis de la afición, a todos nos vino a
la mente el día del pisotón a aquel jugador alemán de cuyo nombre no quiero
acordarme y que le costó la salida de su casa, aquella botella que impactó en
la cabeza de todos nosotros aunque solo le diese físicamente a Juan.
Hombre idolatrado por muchos y odiados por otros por cuanto
representaba, los valores de un Real Madrid con el que ganó ligas, copas del
rey y hasta Copas de la UEFA, a Juan Gómez sólo le faltó alzarse con la Copa de
Europa, como a su generación se le quedó clavada esa espina, fue el eterno 7
del Real Madrid, nadie ha vestido la camiseta blanca con la misma pasión,
demostrando el mismo amor a los colores y con la misma intensidad que lo hizo
él y si de mi dependiese (y si esto fuese EEUU) yo habría retirado la camiseta
con el 7 en su honor y no habría dejado que nadie más la vistiese…
Juanito iba de Madrid (donde había visto a su equipo en
Chamartín) jugar una eliminatoria de la UEFA a Mérida donde entrenaba al equipo
extremeño en segunda división.
Las crónicas dicen que Juan podría haber sido uno de los
mejores entrenadores de la época, yo eso nunca lo sabré, lo único que sé es que
estando un día en El Pardo tuvo la deferencia de pararse a firmarle un
autógrafo a mi primo JuanJo que hoy estará compartiendo estrella con él en el
firmamento madrileño desde donde cogidos de la mano y con una sonrisa en la
cara verán como las copas de Europa que ellos no pudieron disfrutar en vida,
hoy llenan las vitrinas de su querido Real Madrid.
