domingo, 2 de abril de 2017

Y LA LUZ SE LE APAGÓ

Podría comenzar este pequeño escrito diciendo que todo se fue al traste un 2 de abril de 1992.... pero no sería justo y seguramente al héroe de nuestra historia no le gustaría y no le haría justicia.

Me desperté aquel día como todos los días de mi infancia, tenía 13 años, hacía buen tiempo y no recuerdo si era martes o viernes, recuerdo que era un día de colegio, eso sí, recuerdo que nos estábamos preparando para recibir los JJOO de Barcelona y la Expo de Sevilla, aquel, sin duda sería uno de los años que no olvidaríamos los chavales españoles de la época por la cantidad de cosas que estaban sucediendo.

Mi madre siempre encendía el televisor para que mientras desayunábamos mi hermano y yo viésemos alguna serie de aquellos canales de reciente creación, nada nos podía hacer sospechar lo que había pasado por la noche, en muchas otras ocasiones fue la radio la que me dio y me sigue dando buenas y malas noticias, esta vez fue la tele, no recuerdo el canal, lo que sí recuerdo es la voz nítida de la locutora que me sobrecogió el corazón cuando me contó que la estrella del 7 se había ido al cielo aquella noche.

Desde Fuengirola, pasando por la Cibeles y Chamartín, bajando por la Castellana… todos lloramos aquel día la muerte de un hombre irrepetible en la historia de nuestro balompié, todos recordamos como el Bernabéu cogía aliento antes de que el vídeo marcador del estadio marcase el minuto 7 para cantarle a su ídolo, todos recordamos los pases precisos a la cabeza de Carlos Santillana para que metiese la esfera en la portería contraria y se formase la piña blanca ante el éxtasis de la afición, a todos nos vino a la mente el día del pisotón a aquel jugador alemán de cuyo nombre no quiero acordarme y que le costó la salida de su casa, aquella botella que impactó en la cabeza de todos nosotros aunque solo le diese físicamente a Juan.

Hombre idolatrado por muchos y odiados por otros por cuanto representaba, los valores de un Real Madrid con el que ganó ligas, copas del rey y hasta Copas de la UEFA, a Juan Gómez sólo le faltó alzarse con la Copa de Europa, como a su generación se le quedó clavada esa espina, fue el eterno 7 del Real Madrid, nadie ha vestido la camiseta blanca con la misma pasión, demostrando el mismo amor a los colores y con la misma intensidad que lo hizo él y si de mi dependiese (y si esto fuese EEUU) yo habría retirado la camiseta con el 7 en su honor y no habría dejado que nadie más la vistiese…

Juanito iba de Madrid (donde había visto a su equipo en Chamartín) jugar una eliminatoria de la UEFA a Mérida donde entrenaba al equipo extremeño en segunda división.

Las crónicas dicen que Juan podría haber sido uno de los mejores entrenadores de la época, yo eso nunca lo sabré, lo único que sé es que estando un día en El Pardo tuvo la deferencia de pararse a firmarle un autógrafo a mi primo JuanJo que hoy estará compartiendo estrella con él en el firmamento madrileño desde donde cogidos de la mano y con una sonrisa en la cara verán como las copas de Europa que ellos no pudieron disfrutar en vida, hoy llenan las vitrinas de su querido Real Madrid.

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