martes, 25 de agosto de 2020

CUANDO ERAMOS NIÑOS

Cuando yo era niño las tardes de verano duraban lo mismo que un verano hoy, el tiempo se alargaba horas y horas jugando partidos que terminaban sin un resultado claro porque habíamos perdido la cuenta de los goles marcados y recibidos. cuando yo era niño los parques estaban llenos de chavales jugando al balón, niñas jugando a la comba y algunas veces uniéndose a nosotros para darle patadas al esférico, nadie nos había explicado eso tan moderno de la igualdad de género, no nos hacía falta, las sen
tíamos como iguales, las porterías eran las chaquetas, las mochilas del colegio, las sudaderas... si el balón iba alto un coro de voces infantiles proclamaba la invalidez del gol sin necesidad de que lo revisara el VAR, todo el mundo sabía que tirar alto no valía y punto. Lo mejor era no enfadar al dueño del balón porque corrías el riesgo de que se mosquease y se terminase el partido, que por cierto concluía cuando el mismo dueño de la bola tenía que subirse a casa a cenar, nadie le enviaba un mensaje al móvil (no había móviles y seguramente no los habríamos necesitado) la voz chillona de las madres era nuestro aviso. Cuando yo era un niño nadie te llamaba a todas horas para recordarte que habíamos quedado a las 6 de la tarde, la gente no éramos anormales, sabíamos que nuestros horarios eran inamovibles, si quedábamos a las 6 todos estábamos a las 6 y si faltaba alguien se le esperaba echando una pachanga para matar el tiempo. Cuando yo era un niño los chicos no rebatíamos a nuestros mayores y si alguien nos decía que dejásemos de dar la brasa, lo hacíamos y punto, no discutíamos, si a alguien se le ocurría levantar la voz se le amenazaba con contárselo a sus padres y eso solía ser más que suficiente para calmar los ánimos. se compartían bocadillos de Nocilla después de ver Verano azul, con 100 pelas te sentías el rey del barrio y cuando los Reyes te traían el último modelo de BH no le dejabas una vuelta a nadie por si te pinchaban la bici, aunque era probable que lo hicieses tú al meterla por algún barrizal. Te llenabas las piernas de costras jugando en el parque y no sabías que era la cristalmina, tu madre no te trataba como si fueses un objeto de cristal, agua oxigenada y a seguir corriendo. Deseabas crecer a toda costa, querías ser mayor, dejar de ir al cole, trabajar... y no sabías, no tenías ni puta idea de que crecer suele ser una mierda

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