lunes, 7 de marzo de 2016

EL DÍA QUE LA RADIO ENMUDECIÓ

Muchas han sido las ocasiones en las que he pensado como y de que forma presentarles mis primeras reflexiones en este blog que hace ya algunos meses abrí con intención de contar mis cosas, esas cosas que probablemente no interesen más que a un servidor.
Pero ayer fue el día, fue el día en el que sentí que debía iniciar mi andadura con todos ustedes en este papel en blanco que la red de redes pone ante mí... y fue ayer porque ayer 6 de marzo no fue un día más, como diría mi admirada Pepa en su programa de Radio Nacional, ayer "no fue un día cualquiera" y no lo fue porque ayer se apagó la voz de uno de los locutores que más he admirado en mi vida, porque ayer la radio se quedó triste y vacía sin la presencia de Gaspar Rosety.
Este domingo 6 de marzo de 2016 se llevó a uno de los iconos de mi infancia.
Me recuerdo en la cama de un hospital intentando comprender por que se había ido la luz, con 11 años intentaba entender que misterio había detrás de todo aquello... mis mayores hablaban en susurros sobre mi inminente ceguera y yo hacía como que no escuchaba con la intención de entender algo.
Fueron días duros, que digo días, fueron semanas duras, meses duros y algunos años de cierta rebeldía contra el mundo que de pronto había dejado de lucir para mí... fueron demasiadas personas las que pasaron por aquella habitación de hospital, por la casa madrileña de mi abuela y después por la casa de mis padres en Móstoles, gentes que llenaban todo de ruido, de confusión, de risas, de palabras de ánimo, pero todo aquello a mí no me sonaba más que a postureo. Pronto todos aquellos desaparecieron y quedó sólo y como única banda sonora de mi infancia casi truncada, el sonido de la radio. Aquel maravilloso aparato que no dejaba de soltar canciones, parrafadas, politiqueos y... deporte.
Muchas habían sido mis conversaciones con mi "yeyo" Manuel sobre el deporte rey ¡el fútbol! el maravilloso fútbol y muchas las noches de verano escuchando junto a él al gran Jose María García y sus dimes y diretes con presidentes de clubes de fútbol o federación española del mismo deporte, pero pocas habían sido las veces que me había sentido acompañado de verdad por las gentes de la radio y esa fue la primera vez en la que supe que quería parecerme a aquellos hombres y mujeres que contaban cosas detrás del receptor y fue su voz, su voz potente y señorial la que más me llamó la atención de cuantas escuché en aquellos días.
Gaspar Rosety nació en Madrid un 29 de julio de 1958 aunque se sentía asturiano y del Spórting de Gijón, nunca renegó de la capital española que le viese nacer, gran seguidor como digo de´l Spórting, del Madrid y de la selección española mamó desde muy niño el periodismo deportivo, hijo, hermano y padre de periodistas comenzó a trabajar muy pronto detrás de un micrófono y allá por los años 70 hizo sus primeros pinitos en Radio Gijón.
Como escriben en la web de la Real Federación Española de fútbol (donde trabajó los últimos años de su vida) era un apasionado del periodismo y paseó su voz por lugares tan emblemáticos como Antena 3 Radio, Radio Voz y Cadena Cope, además de otros trabajos en medios escritos o en el Real Madrid así como en la Real Federación Española de fútbol donde fue asesor de Ángel María Villar.
Más allá de todos estos datos que cualquiera puede consultar en alguna de las múltiples webs que existen en internet, Gaspar fue sobre todo y por encima de todo un referente, un referente para aquel niño que se quedó ciego con 11 año´s pero que aún así soñaba con narrar partidos de fútbol en la radio e imitaba su característica forma de cantar los goles y de dar los onces de los equipos contendientes. Gaspar fue capaz de hacer que aquel niño escuchase con verdadera emoción y alegría el gol que el Madrid marcó ante la Juventus de Turín en la séptima copa de Europa del conjunto blanco, aquel gol  que Juan Sabas le marcó al Sevilla en ese derby que el Betis ganó, aquellos fracasos de la selección nacional de fútbol y Gaspar fue capaz de lograr que aquel niño se mostrase impaciente escuchando a García dar paso uno tras otro a sus locutores hasta que le llegaba el turno a él, con su voz potente, su voz de radio, su voz que tanto trasmitía... y ayer, lo confieso, a aquel niño hoy ya hombre se le saltaron las lágrimas cuando revisando las noticias matutinas se encontró con que el domingo no podía empezar de peor manera porque Dios se había llevado a Gaspar Rosety a su lado para que le contase los triunfos del Spórting, del Madrid y de España y junto a ellos... Juan Gómez Juanito al que Gaspar admiraba profundamente.
Desde ayer la radio ha quedado un poco vacía, un poco más triste, como si Gaspar al irse le hubiese quitado las pilas o simplemente el aparato supiese que ya nada volverá a ser como antes, así como lo sabe aquel niño que siendo hoy un hombre llora la ausencia de aquel amigo al que nunca conoció en persona pero al que tanto tiene que agradecerle.
Por eso, por eso hoy desde estas humildes líneas, vaya por tí, maestro, mi más profunda gratitud, cariño y admiración, gracias por enseñarme que el fútbol sin la radio no es nada y la radio sin el fútbol es poca cosa, gracias por demostrarme que hay binomios que nunca deben ir separados, gracias por todo, amigo, maestro.

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