
Es tan sólo un momento de escribir, alguien me ha dicho
recientemente que escriba, que eso calmará mi dolor, mi desesperación.
No han pasado ni 24 horas desde que te fuíste, mi querida
Lasi y sólo puedo llorar, estoy como estabas tú al final, sin fuerzas, sin
ánimo, sin ganas. Déjame, amiga del alma, déjame que te recuerde como eras, con
tu rabito siempre contento, siempre optimista, con actitud y aptitud, con ganas
de trabajar, con ánimo de hacerlo bien, déjame mi querida perrita negra, que
recuerde tus ganas de vivir, tu vitalidad desbordante, déjame que recuerde tu
cabecita negra en mi pierna cuando pensabas que lo estaba pasando mal (y
llevabas razón), porque tú me conocías como nadie, porque me entendías como
sólo yo mismo me entiendo, porque yo no te veía pero interpretaba tus
silencios, tus gruñidos de satisfacción, tus jadeos nerviosos y entonces…
entonces yo sabía si querías salir a la calle, si querías volver a casa porque
habían tirado un petardo y deseabas que te cobijase entre mis brazos, te diese
besitos en la cabeza y te calmase, porque me enseñaste muchas cosas, Lasi,
porque me enseñaste el verdadero significado de la palabra AMISTAD, el de la
palabra LEALTAD, HUMILDAD, FE CIEGA EN EL OTRO, TRABAJO EN EQUIPO… y todo eso
me lo enseñabas a diario, incluso cuando nos dieron la nefasta noticia de que
lo tuyo no tenía remedio, entonces también lo hiciste, porque me volviste a
enseñar que nunca nos debemos rendir, que la derrota no se negocia y luchaste
hasta el último segundo contra aquello que te minaba poquito a poco, que te
hacía apagarte muy poquito a poco… aún así sacabas fuerza de flaqueza para
estar conmigo, para acompañarme como hiciste desde el principio, desde aquel 31
de enero de 2012 en el que nos presentaron y en el que ambos supimos que
nuestras almas eran gemelas, que aunque no compartiésemos especie, compartíamos
un sueño en común, tú el de ayudar a un hombre que ingnoraba necesitarte tanto
como lo hacía y yo el de volver a sentirme libre, el de volver a caminar por
las calles sin miedo, el de aparcar el bastón una vez más y dejarme guiar por
unos ojos como los tuyos, llenos de luz y de bondad.
Podría decirte tantas cosas, ahora no me salen más palabras
para dedicarte, pero no pienses que esta será la última vez que te dedique unas
líneas, has dejado una huella tan profunda en mi alma que me duele pensarte,
recordarte… pero tranquila, Lasi, tranquila, corre libre entre las estrellas,
porque ya nada te ata a este mundo, ya eres libre, por fin otra vez libre, ya
no habrá más curas, más vendajes en tu patita, no tendrás que esforzarte más
por subir las escaleras hasta el tercero que no tiene ascensor… ya eres etérea
como el viento, brillante como las estrellas, bonita como la luna…
Gracias, Lasi, gracias por haber sido, por haber venido, por
haberte quedado y por haberme enseñado, siempre, absolutamente siempre te
querré como se quiere a una amiga íntima.
Adiós, perrita negra, hasta otra vida, hasta otro momento,
aquí me quedo llorando tu ausencia, pero sintiéndome dichoso porque me dejaste
conocerte y quererte.
Gracias, mi queridísima perrita negra
