jueves, 26 de marzo de 2020

DÍA 1 SIN TÍ

 
No, esto no es un diario ni pretendo que sea un lugar donde volcar mi tristeza, mi desamparo, mi dolor… que eso me desborda por todas partes.

Es tan sólo un momento de escribir, alguien me ha dicho recientemente que escriba, que eso calmará mi dolor, mi desesperación.

No han pasado ni 24 horas desde que te fuíste, mi querida Lasi y sólo puedo llorar, estoy como estabas tú al final, sin fuerzas, sin ánimo, sin ganas. Déjame, amiga del alma, déjame que te recuerde como eras, con tu rabito siempre contento, siempre optimista, con actitud y aptitud, con ganas de trabajar, con ánimo de hacerlo bien, déjame mi querida perrita negra, que recuerde tus ganas de vivir, tu vitalidad desbordante, déjame que recuerde tu cabecita negra en mi pierna cuando pensabas que lo estaba pasando mal (y llevabas razón), porque tú me conocías como nadie, porque me entendías como sólo yo mismo me entiendo, porque yo no te veía pero interpretaba tus silencios, tus gruñidos de satisfacción, tus jadeos nerviosos y entonces… entonces yo sabía si querías salir a la calle, si querías volver a casa porque habían tirado un petardo y deseabas que te cobijase entre mis brazos, te diese besitos en la cabeza y te calmase, porque me enseñaste muchas cosas, Lasi, porque me enseñaste el verdadero significado de la palabra AMISTAD, el de la palabra LEALTAD, HUMILDAD, FE CIEGA EN EL OTRO, TRABAJO EN EQUIPO… y todo eso me lo enseñabas a diario, incluso cuando nos dieron la nefasta noticia de que lo tuyo no tenía remedio, entonces también lo hiciste, porque me volviste a enseñar que nunca nos debemos rendir, que la derrota no se negocia y luchaste hasta el último segundo contra aquello que te minaba poquito a poco, que te hacía apagarte muy poquito a poco… aún así sacabas fuerza de flaqueza para estar conmigo, para acompañarme como hiciste desde el principio, desde aquel 31 de enero de 2012 en el que nos presentaron y en el que ambos supimos que nuestras almas eran gemelas, que aunque no compartiésemos especie, compartíamos un sueño en común, tú el de ayudar a un hombre que ingnoraba necesitarte tanto como lo hacía y yo el de volver a sentirme libre, el de volver a caminar por las calles sin miedo, el de aparcar el bastón una vez más y dejarme guiar por unos ojos como los tuyos, llenos de luz y de bondad.

Podría decirte tantas cosas, ahora no me salen más palabras para dedicarte, pero no pienses que esta será la última vez que te dedique unas líneas, has dejado una huella tan profunda en mi alma que me duele pensarte, recordarte… pero tranquila, Lasi, tranquila, corre libre entre las estrellas, porque ya nada te ata a este mundo, ya eres libre, por fin otra vez libre, ya no habrá más curas, más vendajes en tu patita, no tendrás que esforzarte más por subir las escaleras hasta el tercero que no tiene ascensor… ya eres etérea como el viento, brillante como las estrellas, bonita como la luna…

Gracias, Lasi, gracias por haber sido, por haber venido, por haberte quedado y por haberme enseñado, siempre, absolutamente siempre te querré como se quiere a una amiga íntima.

Adiós, perrita negra, hasta otra vida, hasta otro momento, aquí me quedo llorando tu ausencia, pero sintiéndome dichoso porque me dejaste conocerte y quererte.

Gracias, mi queridísima perrita negra

No hay comentarios:

Publicar un comentario