Su debut no ha podido ser más estelar, supongo que cuando
decides abordar la monumental tarea de escribir un libro no te imaginas lo que
puede despertar en las personas que lo leen, este es el caso de “No soy un
monstruo” donde ficción y realidad se toman de la mano para adentrarte en el
particular hábitat de la Inspectora Jefa Ana Arén, una rubia que decide teñirse
de morena por un poderoso motivo, una policía eficaz, (menos de lo que a ella
le gustaría) una mujer de armas tomar, de esas que no te pasan ni una. Pero una
mujer sensible, que llora, que ríe y que se emociona, que sale con sus amigos
de copas (como tú y como yo) que sale a
cenar (como tú y como yo) y a la que la vida (seguramente como a ti y a mí) no
ha terminado de tratarla todo lo justamente que se merece.
Nos adentramos en la vida de Inés Grau, una periodista
atenta a todo lo que sucede a su alrededor, una mujer de raza, que cree hacer
siempre lo correcto.
Los personajes de “No soy un monstruo” son seres normales,
personas a las que te puedes encontrar por la calle, en una cafetería o en el
vagón del metro que por las mañanas te lleva a trabajar.
Todo comienza cuando un niño es secuestrado en un centro
comercial de Madrid, ¿hay acaso algo que más nos angustie a todos que la
desaparición de un crío? Seguramente si eres padre es algo que te aterra y si
no lo eres es algo que te achica el alma, pensando ¿y si me hubiese pasado a
mí?
En este mundo de sensaciones nos adentra la autora en esta
primera novela suya, con un ritmo trepidante, que jamás pierde el compás de la
narración, no puedes parar de leer, quizá necesitas saber a toda costa que le
sucedió al pequeño Nico, a Quique con su camiseta de “Super Quique”… en todo
caso y sea como fuere, lo importante es que no debes abandonar la lectura,
porque el final es asombroso, no puedes creer lo que sucede y al mismo tiempo
tienes la sensación contraria ¿por qué no me habré dado cuenta antes? ¿por qué
no he podido decírselo a la Inspectora Jefa Arén? Te metes tanto en la historia
que gritas sorprendido, te indignas y aprietas los dientes en demasiadas
ocasiones… trepidante, ágil, increíble… tiene todos los calificativos para ser
denominada como la mejor novela que he tenido el placer de leer este año y como
seguramente mi yeya Carmen me echaría la bronca si leyese que no doy las
gracias a los artífices de todo esto, allá van:
En primer lugar gracias a mi amigo Salva de Valencia por
dejarme formar parte de una pequeña gran familia de locos por la lectura, sin
vuestras recomendaciones aún seguiría perdido picando de flor en flor, el que
dice flores dice novelas…
Y las gracias por último y no menos importante, a un tipo
extraordinario que he conocido en los últimos tiempos y con el que he sentido
una gran empatía casi desde el primer momento, gracias Javi por tus
recomendaciones literarias (incluida “no soy un monstruo”) y gracias por tu
paciencia a la hora de explicar algún entresijo del Word… sigue juntando letras
de esa forma tan magistral y que tanto nos gusta a los que te leemos.
Al resto deciros que espero encontraros entre las páginas de
la próxima novela que decida leer.

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