sábado, 20 de octubre de 2018

LLUEVE FUERA

Llueve fuera y mientras cae el agua, escucho las gotas golpear en la ventana, escucho a la gente correr precipitadamente para resguardarse del aguacero, escucho el sonido que hacen los neumáticos de los coches por las calles cercanas y recuerdo a mi abuelo Rafael. Me cuenta mi madre que cuando ella era pequeña y llovía, a él le gustaba salir de casa, meterse en la furgoneta con la que trabajaba y echarse sobre el colchón que allí tenía. Me lo imagino respirando el aire húmedo y con ese característico olor a tierra mojada… me imagino a aquel hombre que yo conocí callado, de gran estatura, acompañado de un bigote y un bastón en el que se apoyaba… lo quiero imaginar joven, fuerte, atlético… reflexivo, parco en palabras, de buenos actos… un buen tío que diríamos ahora.
Y lo supongo tumbado en aquel colchón pensando en la manera de sacar a sus siete hijos adelante, pensando en lo perra que había sido la vida con él, empujándolo a una guerra de la que salió vencido, de la que nunca se sintió orgulloso, y lo pienso mascullando por lo bajo su mala suerte por haber tenido tres chavales que no podían ver la luz del sol… pero también lo quiero imaginar feliz por contar con una compañera que nunca le falló, una mujer valerosa, adaptada a sus tiempos, fuerte, con momentos de flaqueza pero que sabía ocultarlos dentro de ella… y me lo quiero seguir imaginando orgulloso de sus hijas, de todas, que pronto dejaron la escuela para ayudarlo en su trabajo por los pueblos de Madrid y sus cercanías, vendiendo todo lo que quisieran comprarles para seguir con una estirpe de hombres y mujeres que desde siempre se habían dedicado al noble negocio del mercadeo.
Pensaría en sus hijos y como todo buen padre le vendría a la mente la preocupación por un futuro incierto para personas con discapacidad en una España de posguerra y le vendría a la cabeza la manida frase: ¿qué será de ellos cuando no estemos su madre y yo?
Ahora, en esta tarde de lluvia, lejos de casa, sólo puedo decirte:
Gracias, abuelo, lo hiciste bien, gracias por tus silencios, gracias por tus gestos, puedes estar tranquilo… las cosas marchan todo lo razonablemente bien que cabría esperar

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