miércoles, 28 de febrero de 2018

GRACIAS, QUINI


No sabía muy bien como expresar la pena que siento hoy. Han pasado demasiadas cosas tristes en este 28 de febrero.

Estaba anoche dando una vuelta por el dial cuando escuché ¡otra vez la radio!, que había muerto El Brujo, que Enrique Castro (Quini) nos había dejado.

Paseando por las calles de Gijón, donde vivió prácticamente durante toda su vida, enseguida se me vino a la mente un mes de enero de hace ya muchos años, un autobús cargado de ilusiones de un equipo y una afición modesta que visitaba las instalaciones de Mareo, donde el filial del Spórting disputa sus partidos, un adolescente cargado de sueños e ilusiones de la mano de su padre, al que casi arrastró a tierras astures y Quini, el mágico Enrique Castro… terminaba un partido más en Mareo, Móstoles y Spórting B empataban a 0 en un partido frío en lo meteorológico, pero no en la grada, los asturianos felicitaban a los madrileños por el aliento a su equipo y aquel padre, siempre ojo avizor, se acercó a la banda del campo donde le pareció ver a uno de sus ídolos, era él, era Quini, lo llamó y como si de un viejo amigo se tratase, se fundió con él en un sincero abrazo y se lo presentó a su hijo, a un servidor. Supongo que “El Brujo” debió quedarse un tanto sorprendido al ver a un chaval invidente con su bufanda del Móstoles, me sostuvo la mano con firmeza, me preguntó con su profundo acento asturiano: ¿Cómo estás hijo? Se metió la mano en uno de los bolsillos de la chaqueta, sacó una pequeña insignia del Spórting y dijo: Para tí.

Y yo salí con mi bufanda del CD Móstoles al cuello y aquella pequeña insignia del Spórting en la solapa.

Tantos años después recuerdo con cariño y nostalgia aquel día y sólo me sale decirte: Gracias, amigo, gracias, Quini… y gracias Padre por presentarme a aquel viejo amigo tuyo.

 

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