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domingo, 18 de octubre de 2020
UN 17 DE OCTUBRE MUY ESPECIAL.
Estimado Don Miguel, allá donde se encuentre.
Espero permita a este humilde junta letras la osadía de dirigirse a usted con la única pretensión de darle las gracias, gracias por haberme acompañado en tantos y tantos momentos de mi juventud y madurez. Gracias a sus novelas conocí mejor una tierra que tenía tan cerca que formaba parte de ella, pues siempre he creído que Madrid es el pueblo más grande de castilla. Gracias a usted conocí las vicisitudes de una España empobrecida hasta los huesos y que se moría de hambre después de una guerra cruenta que acaeció en los años treinta, gracias a su pluma conocí al azarías y su “milana bonita” (va anécdota):
Ahora escucho a Antonio Alcántara llamar Milano a su Merche y me viene a la cabeza el azarías con los pantalones hasta las rodillas, orinándose en las manos y llamando a la milana… ¡gracias!
Con usted sufrí cinco horas acompañando a la viuda de Mario, afortunadamente años después volví a leer su novela y comprobé lo delicioso de su narrativa, craso error que nos hiciesen leerlo con dieciséis años, al menos en mi caso he de confesarle que no entendía casi nada de una España vestida de luto y guardando las apariencias por el que dirán…
Gracias porque sin las cinco horas que seguramente usted tardó en convencer a Lola Herrera no habría sido capaz de ponerle voz a Carmen sotillo, supongo que poco imaginó la gran actriz que este papel marcaría su vida, un papel que comenzó a realizar el mismo año que yo nací, 1979… ¿puede creérselo?
Le quiero dar las gracias muy especialmente por aquella novela que viví como una eterna despedida, Daniel el mochuelo, Germán el tiñoso y Roque el moñigo me llevaron en mi imaginación a un valle en el que lo único que pasaba era el tren dirección a la capital de provincia donde “el mochuelo” no se podría dedicar a lo que más deseaba en la vida que era hacer queso como su padre y tendría que cumplir un sueño que no era el suyo, lloré con él en la última noche que pasó en aquel pueblo de la vieja castilla.
El Nini me trasladó a la España más paupérrima del siglo XX en aquel pueblo desaparecido de Castilla.
Sólo usted supo describir aquella España vacía de la que tanto se habla hoy en día.
Hombre tranquilo, aficionado a la caza a la que también le dedicó parte de su obra, al fútbol (muy especialmente al Real Valladolid( Miguel Delibes nació un 17 de octubre de 1920 y falleció en la misma ciudad que le viese nacer un 12 de marzo de 2010, su obra ha sido galardonada con el premio Nadal, el cervantes o el premio nacional de las letras, aunque seguramente el mayor premio que se llevó Delibes fue el cariño de los lectores españoles que se vieron reflejados en su sencillez, su humildad y su afabilidad, sólo él supo reflejar el día a día de las gentes de los pueblos y campos de castilla por los que se le podía ver escopeta al hombro cuando iba de caza pateando los campos y hablando con los lugareños de los que se nutría para crear sus personajes.
Doctor en derecho y catedrático de historia del comercio llegó a ser director del Norte de Castilla y no fue sino su esposa Angeles quién le regaló su primera máquina de escribir (dicen que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer) y este parece ser el caso de Ángeles con la que Delibes tuvo siete hijos y cuya muerte prematura marcó su carácter para siempre, algunas de sus novelas fueron escritas inspirándose en la figura de su esposa.
Se podrían contar mil y una anécdotas sobre este prolífico y extraordinario escritor de nuestro país, sobre con decir que don Miguel es casi sin ningún género de duda el escritor más influyente del siglo XX y uno de los más leídos en nuestra lengua.
Vaya desde estas humildes líneas mi más profunda admiración y gratitud a un hombre que me hizo crecer como persona y que ayudó a forjar mi carácter, gracias Don Miguel por tantísimas horas de sonrisas, lágrimas y sobre todo ENSEÑANZAS.
martes, 25 de agosto de 2020
CUANDO ERAMOS NIÑOS
Cuando yo era niño las tardes de verano duraban lo mismo que un verano hoy, el tiempo se alargaba horas y horas jugando partidos que terminaban sin un resultado claro porque habíamos perdido la cuenta de los goles marcados y recibidos. cuando yo era niño los parques estaban llenos de chavales jugando al balón, niñas jugando a la comba y algunas veces uniéndose a nosotros para darle patadas al esférico, nadie nos había explicado eso tan moderno de la igualdad de género, no nos hacía falta, las sentíamos como iguales, las porterías eran las chaquetas, las mochilas del colegio, las sudaderas... si el balón iba alto un coro de voces infantiles proclamaba la invalidez del gol sin necesidad de que lo revisara el VAR, todo el mundo sabía que tirar alto no valía y punto. Lo mejor era no enfadar al dueño del balón porque corrías el riesgo de que se mosquease y se terminase el partido, que por cierto concluía cuando el mismo dueño de la bola tenía que subirse a casa a cenar, nadie le enviaba un mensaje al móvil (no había móviles y seguramente no los habríamos necesitado) la voz chillona de las madres era nuestro aviso. Cuando yo era un niño nadie te llamaba a todas horas para recordarte que habíamos quedado a las 6 de la tarde, la gente no éramos anormales, sabíamos que nuestros horarios eran inamovibles, si quedábamos a las 6 todos estábamos a las 6 y si faltaba alguien se le esperaba echando una pachanga para matar el tiempo. Cuando yo era un niño los chicos no rebatíamos a nuestros mayores y si alguien nos decía que dejásemos de dar la brasa, lo hacíamos y punto, no discutíamos, si a alguien se le ocurría levantar la voz se le amenazaba con contárselo a sus padres y eso solía ser más que suficiente para calmar los ánimos. se compartían bocadillos de Nocilla después de ver Verano azul, con 100 pelas te sentías el rey del barrio y cuando los Reyes te traían el último modelo de BH no le dejabas una vuelta a nadie por si te pinchaban la bici, aunque era probable que lo hicieses tú al meterla por algún barrizal. Te llenabas las piernas de costras jugando en el parque y no sabías que era la cristalmina, tu madre no te trataba como si fueses un objeto de cristal, agua oxigenada y a seguir corriendo. Deseabas crecer a toda costa, querías ser mayor, dejar de ir al cole, trabajar... y no sabías, no tenías ni puta idea de que crecer suele ser una mierda
viernes, 15 de mayo de 2020
ESTACIÓN EA4HAJ TRANSMITIENDO DESDE SEVILLA
Se termina el día, uno muy especial, quizá por motivos que yo solo entiendo, porque nadie me conoce como lo hago yo.
Eran poco más de las 9 de la mañana cuando el antenista se presentó en casa pertrechado con sus herramientas, los nervios no me dejaban parar quieto, incluso me costó trabajo dormir.
Traté de matar la espera como buenamente pude, salí a comprar una pila para el micrófono (no quería que nada fallase) cuando regresé, subí corriendo hasta la azotea como un niño ilusionado, el antenista que también es radio aficionado como un servidor me dijo que aquello ya casi estaba y la ilulsión me desbordó, bajé casi corriendo en busca de la emisora, aquella vieja radio que me compré con mi primer sueldo, la conecté a la fuente de alimentación, pedí un destornillador para ponerle las pilas al micro, esperé ansioso que bajase el técnico y cuando bajó y le hizo trabajar a la broca, ya viniste a mi memoria, no sería la última vez, cogió el soldador que era una de tus herramientas favoritas de trabajo, soldó el pl al cable y conectó. El qrm sonó en el altavo
de mi vieja radio, movió el selector de canales y de pronto la radio cobró vida, comenzaron a escucharse voces, ruidos radioeléctricos que confirmaban que la magia comenzaba a fluir de nuevo, en un lugar distinto, con gente diferente, pero contigo en mi memoria y en mi corazón... porque tuve que aguantarme las lágrimas que se agolpaban en mis ojos, eran lágrimas de nostalgia... porque esta nueva etapa comienza sin ti. Me hubiese encantado que hubieras podido ver como la radio se apoderó de nuevo de mí... gracias, estación Fliper, allá donde estés, gracias por haberme inyectado el veneno de la CB en las venas. Gracias, mi querido "primero", gracias, padre
de mi vieja radio, movió el selector de canales y de pronto la radio cobró vida, comenzaron a escucharse voces, ruidos radioeléctricos que confirmaban que la magia comenzaba a fluir de nuevo, en un lugar distinto, con gente diferente, pero contigo en mi memoria y en mi corazón... porque tuve que aguantarme las lágrimas que se agolpaban en mis ojos, eran lágrimas de nostalgia... porque esta nueva etapa comienza sin ti. Me hubiese encantado que hubieras podido ver como la radio se apoderó de nuevo de mí... gracias, estación Fliper, allá donde estés, gracias por haberme inyectado el veneno de la CB en las venas. Gracias, mi querido "primero", gracias, padre
jueves, 26 de marzo de 2020
DÍA 1 SIN TÍ

Es tan sólo un momento de escribir, alguien me ha dicho
recientemente que escriba, que eso calmará mi dolor, mi desesperación.
No han pasado ni 24 horas desde que te fuíste, mi querida
Lasi y sólo puedo llorar, estoy como estabas tú al final, sin fuerzas, sin
ánimo, sin ganas. Déjame, amiga del alma, déjame que te recuerde como eras, con
tu rabito siempre contento, siempre optimista, con actitud y aptitud, con ganas
de trabajar, con ánimo de hacerlo bien, déjame mi querida perrita negra, que
recuerde tus ganas de vivir, tu vitalidad desbordante, déjame que recuerde tu
cabecita negra en mi pierna cuando pensabas que lo estaba pasando mal (y
llevabas razón), porque tú me conocías como nadie, porque me entendías como
sólo yo mismo me entiendo, porque yo no te veía pero interpretaba tus
silencios, tus gruñidos de satisfacción, tus jadeos nerviosos y entonces…
entonces yo sabía si querías salir a la calle, si querías volver a casa porque
habían tirado un petardo y deseabas que te cobijase entre mis brazos, te diese
besitos en la cabeza y te calmase, porque me enseñaste muchas cosas, Lasi,
porque me enseñaste el verdadero significado de la palabra AMISTAD, el de la
palabra LEALTAD, HUMILDAD, FE CIEGA EN EL OTRO, TRABAJO EN EQUIPO… y todo eso
me lo enseñabas a diario, incluso cuando nos dieron la nefasta noticia de que
lo tuyo no tenía remedio, entonces también lo hiciste, porque me volviste a
enseñar que nunca nos debemos rendir, que la derrota no se negocia y luchaste
hasta el último segundo contra aquello que te minaba poquito a poco, que te
hacía apagarte muy poquito a poco… aún así sacabas fuerza de flaqueza para
estar conmigo, para acompañarme como hiciste desde el principio, desde aquel 31
de enero de 2012 en el que nos presentaron y en el que ambos supimos que
nuestras almas eran gemelas, que aunque no compartiésemos especie, compartíamos
un sueño en común, tú el de ayudar a un hombre que ingnoraba necesitarte tanto
como lo hacía y yo el de volver a sentirme libre, el de volver a caminar por
las calles sin miedo, el de aparcar el bastón una vez más y dejarme guiar por
unos ojos como los tuyos, llenos de luz y de bondad.
Podría decirte tantas cosas, ahora no me salen más palabras
para dedicarte, pero no pienses que esta será la última vez que te dedique unas
líneas, has dejado una huella tan profunda en mi alma que me duele pensarte,
recordarte… pero tranquila, Lasi, tranquila, corre libre entre las estrellas,
porque ya nada te ata a este mundo, ya eres libre, por fin otra vez libre, ya
no habrá más curas, más vendajes en tu patita, no tendrás que esforzarte más
por subir las escaleras hasta el tercero que no tiene ascensor… ya eres etérea
como el viento, brillante como las estrellas, bonita como la luna…
Gracias, Lasi, gracias por haber sido, por haber venido, por
haberte quedado y por haberme enseñado, siempre, absolutamente siempre te
querré como se quiere a una amiga íntima.
Adiós, perrita negra, hasta otra vida, hasta otro momento,
aquí me quedo llorando tu ausencia, pero sintiéndome dichoso porque me dejaste
conocerte y quererte.
Gracias, mi queridísima perrita negra
domingo, 15 de marzo de 2020
UNA CARTA AL CIELO
Querido padre:
Un virus procedente de China está diezmando no sólo a la
población, sino también al servicio público sanitario al que tiene al borde del
colapso. En nuestro querido Madrid las cosas no pueden pintar peor, faltan
camas, personal sanitario, material… es todo un maldito caos… ya, ya sé que es
un poco increíble, subrealista, alucinante, novelesco, se me terminan los
calificativos para explicarte esto que está sucediendo en nuestro país.
Te escribo desde el silencio casi absoluto que no sólo se
aloja en mi alma, sino también en la ciudad de Sevilla, donde sabes que ahora
vivo.
A pesar de que son más de las 12 del mediodía la ciudad está
casi desierta, la estampa es la de un lugar de película apocalíptica. Los
acontecimientos acaecidos en España en las últimas semanas han llevado al
gobierno de la nación a tomar una serie de medidas que han terminado en estado
de alarma. Como sabes, esto quiere decir, entre otras cosas que la población
nos vemos obligados a permanecer recluidos en nuestros domicilios. Supongo que
esto debe sonarte subrealista.
Un virus procedente de China está diezmando no sólo a la
población, sino también al servicio público sanitario al que tiene al borde del
colapso. En nuestro querido Madrid las cosas no pueden pintar peor, faltan
camas, personal sanitario, material… es todo un maldito caos… ya, ya sé que es
un poco increíble, subrealista, alucinante, novelesco, se me terminan los
calificativos para explicarte esto que está sucediendo en nuestro país.
Seguramente no me equivoco si pienso en voz alta que un 15
de marzo de hace 41 años resultó ser uno de los días más felices de tu vida,
seguro que pensaste que era así porque llegaba al mundo alguien al que querrías
como a ti mismo, sangre de tu sangre, vida procedente de tu ser, una
prolongación de ti mismo, tu hijo, yo.
No puedo evitar pensar que este es el cumpleaños más triste
de mi existencia, es el primero que paso sin ti, lejos de mi hermano y mi
madre. Me resulta pensar en la frase aquella que tantas veces me decía la
“Yeya” “El hombre propone y Dios dispone”.
Me resulta inverosímil saber que hoy no recibiré tu llamada
telefónica o tu tirón de orejas, con tu típica pregunta ¿Cuántos caen, tío?
¡como si no lo supieras!, pero no, papi, no, debo hacerme a la idea de que hoy
no llegará tu llamada y tampoco tu tirón de orejas, ni tu abrazo y tampoco tu
pregunta cuya respuesta ya conocías.
Me gusta creer que en alguna parte me estás viendo, estás
pensando en mí como yo pienso en ti… no sé, tenía muchas cosas que contarte,
mucho que decirte en esta carta que no sé si enviaré al buzón de Internet,
simplemente te escribo porque necesito hacerlo, porque necesito hablarte, no es
que sea pesado (que un poco si, ya lo sabes) pero necesito que estés preparado
para hacerme un favor, incluso desde aquí te tengo que pedir cosas.
Estoy convencido de que los perros, sobre todo los buenos
perros, comparten plano en el más allá con los humanos, me temo que en breve
tengo que despedirme de la perrita negra, Lasi tiene que irse, como me dijiste
con Macro, ella ha venido, ha hecho su trabajo lo mejor que ha sabido y podido,
pero ahora ya es casi la hora de partir y quiero que guíes su alma hasta tu
plano, sé que puedes hacerlo, sé que la querías y sé que no la vas a dejar
sóla, quiero que esté contigo por toda la eternidad, quiero que me esperéis los
dos allí. No quiero convertir esto en una predespedida, pero el tiempo se le
acaba, papi, ya lo he hecho yo en múltiples ocasiones, pero quiero que le digas
cuando llegue allí, que ha tenido la labor más bonita que un perro puede tener,
la de guiar a un hombre y no sólo por las calles, la de guiarlo por la vida, la
de ser la mejor compañera, la mejor amiga, la más incondicional. Sé que tú
habrías estado deacuerdo conmigo en la decisión tan dura que he de acometer. Me
cuesta escribir esto, me cuesta tanto…
Todo lo que ocurre a mi alrededor es una locura, Papi, una
maldita locura, siento como todo se desmorona, todo se hunde, todo se va al
garete y cada vez quedan menos cosas seguras, menos cosas a las que agarrarse,
me hundo en la pena, en la angustia, en la incertidumbre, allá donde estés, por
favor, no sueltes nunca mi mano, no me dejes solo, ayúdame, ayúdame a seguir.
Te echo de menos, te quiero y te doy las gracias una vez más
por haber sido mi padre, porque sin ti, no habría habido nada que mereciese la
pena ser vivido, no habría habido nada que celebrar un 15 de marzo, nada que
vivir, nada que recordar, nada que añorar.
sábado, 29 de febrero de 2020
RECORDANDO A MI "HERMANO MAYOR"
No sé muy bien como comenzar este escrito que sale de dentro
y sale de pronto, casi sin pretenderlo.
Estaba revisando los programas de radio que he venido
grabando en los últimos años (me gusta escucharme, soy un ególatra, lo sé), el
caso es que andaba en ello cuando me he topado con “El Compás” que hace algunos
meses le dediqué a la figura de un cantaor que siempre me gustó muchísimo, el
gran José Soto Cortés, que así dicho te sonará a poca cosa, pero si nombro a
Tijeritas y eres de mi quinta es casi seguro que lo recordarás vestido a la
moda ochentera, con unas zapatillas deportivas, un pantalón vaquero, una
camisa, una media melena y un pendiente adornando una de sus orejas.
He contado a todo el que me ha querido leer o escuchar de
donde viene mi afición por el flamenco pero seguramente sois pocos los que
sabéis de donde viene mi afición por Tijeritas.
El titular de esta entrada podría llamar a engaños puesto
que yo no tengo ningún hermano mayor, tengo uno menor que yo… al menos de
sangre.
Juan José para muchos, JuanJJo o Caco para sus hermanos y
sus primos era un chaval del humilde barrio de Tetuán, en Madrid, él ya andaba
dando saltos con su BH california y su amortiguador central cuando yo llegué al
mundo, entre medias de un hermano mayor que él y una hermana menor, me acogió
como el hermano menor que no tuvo y yo me dejé arrastrar a su mundo de películas
en formato Beta, discos de Camarón, cromos de fútbol, partidos interminables de
fútbol-chapas, dejé que me enseñase a bailar la peonza, no puse dificultad en
aprender a montar en bici sin los ruedines traseros y muy pronto, a pesar de
los siete años que nos separaban fui uno más en su pandilla, aprendí a encender
cigarrillos (aunque no me dejó fumarlos ni yo quise hacerlo) supe como arrancar
su Montesa hasta que un día se la robé y salí a toda pastilla con ella por
mitad de la calle, recuerdo su estampa en mitad de la calzada dando gritos y
con los puños en alto llamando a mi madre para que viniese a reprenderme por mi
actitud. Pasados unos minutos su enfado se había diluido y volvíamos a ser uña
y carne.
Recuerdo con especial cariño como lo esperaba al venir de
trabajar y en cuanto oía el motor de su moto recién estrenada subía la escalera
de la casa de mi “Yeya” Carmen para ir a abrazarlo, a que me contase cosas de
su día y si tenía suerte a que me llevase a dar una vuelta con la “burra” como
gustaba llamar a su Rieju.
Aunque nuestra sangre no nos definía como hermanos yo así lo
sentía y creo que él también, a pesar de que fuese mi primo, lo sentía como algo mmás, como
mucho más, tuve más primos, tengo más primos, pero no he logrado tener el
contacto tan íntimo y especial que tuve con él.
Yo crecía a su lado, quería ser como él, quería parecerme a
él, escuchar la música que escuchaba él. Mientras sus padres construían la
segunda planta de su casa, en las noches de verano escuchábamos en un viejo
radio casete las cintas de Tijeritas, él fumaba a escondidas y me pedía que no
se lo contase a la abuela porque la bronca sería gorda, yo soñaba con crecer,
soñaba con ser como él, jugar al fútbol como lo hacía él, saltar por el campo
con la moto como él y nadar con su mismo estilo… pero nada de eso pudo suceder,
porque mi “Hermano mayor” se fue una noche del mes de julio de 1989 dejándome
una herida tan profunda que a día de hoy sigue doliendo, porque lo sigo echando
de menos, porque me sigue pareciendo tan injusto que con tan solo diecisiete
años tuviese que partir… aquella noche volvía a su casa cuando dos desalmados
que iban haciendo carreras por Madrid le quitaron la vida. Aquellos chicos no
sabían que aquella noche destrozarían la vida de un pobre chaval adolescente y
de su familia… aquellos muchachos en su inconsciencia juvenil al frente de un
volante no sabían que marcarían mi infancia y me dejarían huérfano de
sensaciones, sin nadie que me siguiese enseñándo las cosas importantes para un
niño que sólo quería disfrutar de la compañía de su amigo, su primo, su
“hermano mayor”
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