domingo, 5 de octubre de 2025

HE VUELTO

El título de esta nueva entrada resulta evidente, todo el mundo sabe de mi pasión por el cantautor gaditano Jose Luis Figuereo Franco (El Barrio) así que como no podía ser de otra forma el título tiene que ser como el de una famosa canción de este flamenco ilustre. Hace pocas fechas que también volvió después de cuatro años de ausencia mi programa radiofónico "El compás", parece evidente que esta nueva etapa que se abre ante mi es la de retomar viejas costumbres, algunas de ellas después de mucho tiempo, como la de revitalizar este blog que tan solo cuenta con 25 entradas si no he contado mal en casi ocho años de historia. Cuando abrí este pequeño rincón la idea era actualizarlo frecuentemente y contaros mis cosas, aquellas que tanto hablo por la emisora de radio aficionados, con mis amigos o familiares, sin embargo las diferentes circunstancias de la vida (algunas de ellas ajenas a mi voluntad) me han tenido muy distanciado de este humilde rincón que con tanta ilusión abría en su momento. Pero hoy os puedo decir que esto ha concluido, lo ha hecho por varias razones, una de ellas es porque tengo muchas cosas que contar, cosas que me apasionan, que me gustan y que me encantaría compartir con vosotros y esa necesidad de contar cosas es la que me ha llevado hasta aquí. Otras de las razones es muy simple, hablando con mi hermano me comenta que ha reabierto su blog, lo cierto es que a mí me ha dado algo de cosquilleo en el estómago pensar que yo también tenía mi blog y que apenas lo actualizaba, que llevaba tres años o cuatro sin aparecer por aquí y otra cosa importante es que desde hace apenas tres o cuatro días y aunque sea solo de forma momentánea he vuelto a mis orígenes. Llevaba 18 años sin pisar las calles de mi barrio, ese barrio que me vio crecer y jugar entre sus parques y calles. Las circunstancias de la vida han hecho que haya vuelto aquí, a Móstoles, el lugar donde empezó todo, donde hace 46 años se inauguró mi periodo vital, ese lugar lleno de recuerdos, anécdotas y vivencias que forjaron la personalidad del hombre que soy hoy. Bajar al Soto en compañía de mi hermano ha sido simplemente una experiencia enriquecedora, llena de nostalgia y recuerdos, en su compañía y la de mi padre que hoy nos contempla desde el cielo íbamos casi todos los domingos (especialmente aquellos en los que el Club Deportivo Móstoles jugaba de local) a dar de comer a los patos y posteriormente a ver el partido que el club de nuestra ciudad disputase en tercera o segunda división B. Jugábamos al fútbol (o lo intentábamos) mi hermano y yo, en el Soto fue donde mi padre descubrió que yo podía jugar al balompié metiendo el balón en una bolsa para poder oírlo ya que de otra manera me resultaba imposible localizar la pelota. En el parque natural del Soto que se inauguró en 1980 fue donde unos años después nuestros profesores, aquellas buenas personas que me educaron y me formaron, nos llevaban cada mes de mayo a plantar árboles que seguramente hoy nos contemplan orgullosamente desde una gran altura. Allí hacíamos guerras de globos de agua que se eternizaban en el tiempo, jugábamos partidos de fútbol hasta que el sol se ocultaba y algunos sábados y domingos por la mañana organizábamos cacerías del zorro con walkies de banda ciudadana. en aquel bosque, pulmón verde de la ciudad más importante del sur de Madrid, jugué con mi primer perro guía M
acro y años después Lasi. Ambos se bañaron en unas aguas que a diferencia de hoy presentaban un aspecto manifiestamente mejorable. El Parque Ovejero es otro de los lugares emblemáticos donde pasé grandes tardes, antes de él había un descampado en el que los chavales de los 80 nos dejábamos las rodillas jugando al fútbol o saltábamos con las bicis por encima de los pedruscos que adornaban aquel lugar. Hoy en día resulta un entorno entrañable, lleno de gente mayor intentando bajar el colesterol, niños acompañados de otros niños y de sus padres con sus bicicletas como hacíamos nosotros y gente que simplemente va por allí a escuchar música en sus auriculares, leer un libro o dar un paseo. En esencia mi barrio sigue igual, lo he encontrado más viejo, más antiguo y algunas cosas han cambiado sustancialmente, ya no es Angel el que sirve cervezas en el bar de la esquina, ahora lo hace Alberto (el hijo de Angel) en un local absolutamente reformado y renovado que si bien es más moderno también es menos familiar que el de años atrás. El Harvard sigue igual, con sus mesas de billar, sus futbolines, su Diana para tirar dardos y sus tardes viendo partidos de fútbol en la televisión. La tienda donde tantas veces me acerqué a llevar aparatos de radio, emisoras, un tocadiscos y hasta el televisor del salón sigue en pleno funcionamiento, es este un lugar en el que las cosas no se tiran, se arreglan y se les devuelve a la vida. Ha sido un viaje al pasado que no solo ha resultado revestido de añoranza, también se ha visto colmado de gratitud por aquellos años pasados en mi infancia y juventud y como no también de esperanza por el futuro, un futuro en el que espero que mi familia se reencuentre con aquel barrio que nos acogió en los 70 cuando yo ni siquiera había nacido, en este barrio ellos tendrán que aprender a vivir de nuevo entre bloques, plazas y parques. Mientras tanto yo seguiré haciendo viajes desde la ciudad del Betis a Móstoles, de esta manera seguiré saboreando aquel pasado y disfrutando del presente. #Hevuelto

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